
Carlo Brescia Seminario
Cineasta investigador
5 de agosto de 20265 min de lectura
Carlo Brescia es un cineasta, escritor e investigador peruano que vive en Huaraz. Dirige la asociación cultural Vasos Comunicantes y la revista Culturas Sustentables desde la Peripheria. Sus investigaciones exploran la cultura andina y la consciencia corporal a través de proyectos audiovisuales y publicaciones. Este articulo es un acercamiento a Chavín de Huántar desde una mirada personal de más de veinte años
Chavín, un templo de la dualidad y del gran misterio humano
Por Carlo Brescia Seminario
Hace más de 3000 años existió un sitio en medio de las montañas andinas de Perú que convocó a personas de distintas culturas, lugares y lenguas: Chavín de Huántar. El nombre viene de la palabra quechua ancashino Chawpin, que significa “su centro”. Y sí, Chavín fue un centro ceremonial que surgió y floreció, según el consenso de los investigadores, entre el siglo XII a. C y el siglo IV a. C., es decir, unos ochocientos años.
La primera vez que escuché hablar de Chavín fue en la escuela primaria en Lima. Uno o dos años más tarde, aún en primaria, visité este templo milenario cuando tenía 12 años en 1985. Luego lo volví a visitar en 1994, pero aún no estaba listo para entender lo que estaba viendo. ¿Cómo podría haberlo hecho? En ese entonces, toda mi experiencia y casi toda mi vida estaban basadas en las vivencias propias de un niño de clase media que vivía en una de las capitales sudamericanas en donde lo hegemónico era celebrar la cultura occidental y desarrollar prejuicios negativos hacia lo originario, especialmente lo andino.
Chavín de Huántar es un templo con varios edificios construidos en piedra tallada entre dos ríos, el Mosna y el Huachecza, ocupando casi 15 hectáreas. Lo que lo hace destacar son varios elementos o componentes materiales —arquitectónicos y más— que se pueden apreciar aún hoy, y, a partir de estas evidencias, las teorías interpretativas acerca de la importancia de este lugar.
En primer lugar, en el interior de los edificios y debajo de las plazas, destaca la red de canales, pasadizos, escalinatas y recintos —muchas veces superpuestos— conocida como las galerías subterráneas de Chavín. Se estima que su longitud total acumulada debe ser alrededor de 3 kilómetros. Gracias a la existencia de ductos de ventilación entre las diferentes galerías y el exterior, es posible respirar con tranquilidad. De día, esos ductos llevan un poco de luz al interior, mientras que de noche, sin luz artificial, las galerías son completamente oscuras.
En segundo lugar, destacan en Chavín las esculturas monolíticas talladas en bajo relieve (estelas, cornisas, columnas y dinteles) y en bulto (más de 150 cabezas clavas) que forman parte de la arquitectura del templo, visibles a quien se aproximase lo suficiente a ellas. Estas esculturas registran diseños complejos de seres antropomorfos y animales (falcónidas, serpientes, felinos, murciélagos). Por ejemplo, los diseños complejos pueden ser seres de forma humana, con alas, colmillos de felino o cabellos de serpientes, o también seres de forma animal, como un felino cuyas volutas en el lomo tienen forma de serpientes.
En tercer lugar, algo aún más destacable que lo mencionado en los dos puntos anteriores es la presencia de una escultura tallada de 4.5 metros de altura ubicada en la galería más importante del templo, la galería del Lanzón. Hoy en día muchas personas —guías turísticos, docentes e investigadores— llaman a la escultura bajo el nombre del Lanzón Monolítico. Personalmente prefiero recoger el nombre que le daba la población local hace más de 140 años, nombre recogido por Ernst Middendorf: la Huanca. Una huanca es un monolito alargado tallado que se coloca de manera vertical. Existen muchas huancas, pero la de Chavín es especial por los diseños en su superficie, su orientación y su ubicación. Los diseños muestran un ser antropomorfo con rasgos animales (colmillos de felino, cejas en forma de serpiente) con la mano derecha levantada y la izquierda hacia abajo. Se encuentra orientada hacia la salida del sol, el este. Y se ubica en el centro de una galería en cruz, enseñando al observador perspicaz un ejemplo in situ de lo que es un axis mundi: un centro de unión entre el cielo, la tierra y el mundo de abajo.
Existen otros componentes o características destacables, como la presencia de la estela Raimondi y el obelisco Tello, piezas escultóricas emblemáticas no solo de Chavín y el mundo andino, sino de las Américas y tal vez del mundo. La primera, la estela Raimondi, muestra una figura que siglos más tarde se representa de manera similar en culturas como Nasca, wari y Tiwanaku. La segunda, el obelisco, es un prisma de 2.5 metros tallado en sus cuatro lados con lo que aparenta ser una narración mítica, similar a la registrada en los tótems de las culturas del noroeste norteamericano.
Asimismo, es sobresaliente que el templo haya sido levantado siguiendo una orientación norte-sur y que la plaza cuadrada o la plaza circular del templo se alineen con la salida del sol durante el solsticio de diciembre y de junio a través de un pequeño altar ubicado en la cordillera oriental denominado Cerro Piruru.
Finalmente, una característica notable es el aparente mensaje transmitido a través de la arquitectura y las iconografías en las esculturas de piedra y algunas cerámicas. Un mensaje que sigue un principio humano, tal vez cósmico, de sabiduría, el de la oposición complementaria en equilibrio. El antropólogo estadounidense Richard Burger argumentó en 1992 que la arquitectura de la Portada de las Falcónidas en el Templo Nuevo de Chavín incorpora el principio andino del equilibrio entre las dualidades opuestas y complementarias: Yanantin. Asimismo, lo incorpora en la Escalinata Blanco y Negro, y en estelas como la de la Medusa, entre otras.
El término Yanantin no es solo la dualidad complementaria: implica el equilibrio entre esas relaciones polares. El equilibrio hace referencia al punto de armonía entre dos elementos en oposición, es el punto medio, equidistante, ya que el desequilibrio es un exceso de peso, fuerza, energía o presencia de alguno de los dos elementos. Por lo tanto, Yanantin puede ser comprendido como una mediación de los opuestos, en palabras de Burger: “El templo de Chavín de Huántar se presentó a sí mismo como un centro cósmico en donde los opuestos se mediaban y el equilibrio se mantenía a través de adecuadas ceremonias religiosas y el conocimiento esotérico de sus líderes religiosos”.
En el 2005, luego de haber terminado de estudiar una maestría en ciencias sociales, inicié un estudio personal sobre Chavín, buscando entender cómo es que durante un periodo de ocho siglos, que empezó hace 3200 años, se ordenó el mundo de una manera en donde diferentes culturas formaban una red de intercambio, compartían una cosmovisión y desarrollaban los pilares sociales, tecnológicos y simbólicos del mundo andino conocido de ese entonces, cuyo centro era Chavín, destino de peregrinaciones y el inicio de un mensaje que hasta ahora resuena.
Ese viaje curioso me llevó a buscar entender el sentido del uso de varias plantas maestras, como la del cactus San Pedro (también llamado Wachuma, Lapituq y Tsunaq), el árbol de la Willka (también llamado Cebil), y las hojas de la coca y del tabaco. Y eso porque en el templo de Chavín de Huántar existe evidencia iconográfica de uso del cactus y evidencia arqueo botánica de la Willka y del tabaco. ¿Cuál fue el sentido del uso ritual de esas plantas en ese fenómeno Chavín? ¿Qué es lo que estaba pasando en las diferentes ritualidades llevadas a cabo en el templo?
Después de más de 20 años, me parece que he entendido un poco. De lo que sí estoy seguro de haber entendido es que las personas que levantaron el templo eran seres humanos muy sabios y, por lo mismo, muy conectadas con ese mundo más que humano. En Chavín, como cuento a las personas que llevo y guío en el templo, más que un encuentro con una civilización ancestral, es un potencial encuentro con lo que realmente es lo humano, lo que nos hace ser nosotros mismos. Chavín es un espejo, una flama de luz, la misma de la Huanca en su galería más sagrada, esa que llamamos Wari Wanka (‘la huanca que da luz’) y que nos hace recordar de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde tenemos que ir.
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